La automedicación: un estigma social

Según la Organización Mundial de la Salud el término automedicación se refiere al uso de productos medicinales por parte de una persona para tratar desórdenes o síntomas que identifica como patología, o el uso intermitente o continuado de una medicación prescrita por el médico para enfermedades o síntomas recurrentes o crónicos.
La automedicación constituye una práctica riesgosa cuyas consecuencias pueden ser, entre otras: enmascaramiento de una enfermedad (retrasando la asistencia médica en casos en los que es realmente necesaria), aparición de reacciones adversas e interacciones medicamentosas, aumento de la resistencia a agentes antimicrobianos, elección incorrecta de medicamentos y riesgo de abuso o farmacodependencia.
Un concepto generalizado y equivocado,  es definir la automedicación como una forma de autocuidado, pretendiendo tratar los síntomas y signos de una  presunta patología sin intervención de los profesionales sanitarios, llevando a la utilización irracional de la automedicación fomentada por la costumbre, por el boca a boca, por la transmisión familiar de padres a hijos, transmisión social, y la cultura biomédica etc., sin ningún fundamento ni evidencia científica ni sanitaria, hasta una automedicación responsable en la que el paciente está realmente capacitado y actúa de manera racional para adoptar, en determinadas situaciones de Salud-enfermedad, las decisiones adecuadas respecto a la correcta  utilización de los medicamentos con una actitud responsable. De hecho, existen toda una serie de medicamentos encaminados a solventar esta tipología de síntomas que no necesitan receta médica y que inducen a esa práctica. También es medicada la sintomatología no orgánica, como el insomnio, la ansiedad, la irritabilidad o la tristeza, expresiones más comunes de sufrimiento sin la valoración previa de un especialista.  Otros síntomas pueden ser aquellos que presentan un componente físico más destacado, como el dolor de cabeza, los cambios de hábito intestinal (diarreas y estreñimiento), bruxismo y dolores musculares inespecíficos, todos ellos asociados a tensión psíquica y física. También es necesario recordar que un medicamento no requiera receta para su dispensación, no quiere decir que sea inocuo y no pueda resultar perjudicial en determinadas situaciones, ya que tiene incorporado principios activos con acción farmacológica.
Las personas que están habituadas a consumir fármacos sin consulta previa, también son proclives al “autodiagnóstico”. Suelen buscar soluciones rápidas ante situaciones de malestar psíquico y físico, por ejemplo, ante la aparición de síntomas provocados por el estrés o en cuadros de ansiedad y tristeza reactivos a alguna situación vital. El vértigo de la vida moderna les impide parar y observar qué está sucediendo, apelando a la automedicación para mantener el mismo ritmo y sin prestar atención a las señales que el cuerpo y la mente están proporcionando. El Instituto de Estudios sobre Políticas de Salud constató datos preocupantes: en Argentina se vendieron unos doscientos millones de medicamentos de venta libre, pese a los graves riesgos que implican para la salud. Los medios de comunicación, el marketing y la publicidad indiscriminada de fármacos  son condicionantes de la automedicación. La automedicación sin control médico expone a una serie de riesgos para la salud que muchos desconocen.

LOS RIESGOS MÁS FRECUENTES
• Un paciente previamente automedicado se puede diagnosticar de manera incorrecta porque la enfermedad llega a ser “enmascarada” por el fármaco.
• Puede existir una falta de eficacia si la medicación utilizada se hace en forma incorrecta.
• No percibir la posibilidad de los efectos secundarios puede llegar a comprometer la salud y a veces la vida. También pueden aparecer resistencias al medicamento.
• Suceden farmacodependencias, especialmente con fármacos inhibidores del sistema nervioso central. Una dosis aumentada irresponsablemente, puede provocar trastornos en la conducción cardíaca hasta un paro cardio-respiratorio.
• Reacciones alérgicas, que pueden aparecer en las tomas subsiguientes y no  en la primera dosis.
• Riesgo de intoxicación por los mismos principios activos del medicamento, manifestada por síntomas digestivos (náuseas y vómitos) como neurológicos (diplopía, temblores, etc).
• Dependencia o comienzo de una adicción, cuando se trata especialmente de sustancias psicotrópicas, consumidas sin control clínico.
• Interacciones con otros fármacos o alimentos que se prohíben durante ciertos tratamientos. Puede producirse una potenciación, una disminución y hasta una anulación del efecto farmacológico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define Efecto Adverso como cualquier respuesta nociva y no intencionada, a un medicamento, que ocurre en el ser humano a las dosis utilizadas para profilaxis, diagnóstico, terapéutica o modificación de una función fisiológico. Las Reacciones Adversas a Medicamentos (RAM), aparecen en un gran número de pacientes (hasta un 30%), aunque afortunadamente suelen ser de carácter leve y transitorio en la mayoría de los casos.

MEDICAMENTOS FRECUENTEMENTE AUTOMEDICADOS
• ANTIBIOTICOS: Pueden generar resistencia bacteriana, además hay que admitir que un 85% de las enfermedades respiratorios son virales y un antibiótico no tiene ninguna acción efectiva.
• ANALGESICOS: Se comprobó que el ácido acetil salicílico (aspirina) y sus derivados, en pediatría, pueden causar daño hepático si se administra cuando se cursa una enfermedad viral.
• ANTINFLAMATORIOS NO ESTEROIDES: La ingestión de estos fármacos condiciona gastritis y hasta hemorragias digestivas, si se toma en forma indiscriminada.

Hay que recordar que las personas más vulnerables a las consecuencias de la automedicación son los niños, los adultos mayores y las embarazadas. También las consecuencias de tomar vitaminas y suplementos en forma indiscriminada, sin los controles clínicos pertinentes. Es importante el rol del médico y el farmacéutico en cuanto a la información, concienciación y educación sobre medicamentos y automedicación, su responsabilidad en la prevención de problemas relacionados con los medicamentos.

 

Fuente: Organización Mundial de la Salud

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