12 de Julio: Día Nacional de la Medicina Social

A partir de la Ley 25.598 del año 2002 se declara el día 12 de julio de cada año como “Día Nacional de la Medicina Social” en conmemoración de la fecha del nacimiento del Dr. René G. Favaloro y en homenaje a todos los médicos que se desempeñan en esa área.
Destacado médico argentino, revolucionó el campo de la cirugía cardiovascular con sus descubrimientos, que alcanzaron prestigio internacional. En el país pudo concretar el inicio de la fundación que lleva su nombre para fomentar la investigación y la docencia.
Nacido en La Plata, el 12 de julio de 1923, hijo de un carpintero y de una modista, René Favaloro vivió una infancia pobre en el barrio El Mondongo, un barrio de inmigrantes. De su padre a través de la carpintería logró una sorprendente habilidad manual.
En 1949 se graduó como médico en la Universidad Nacional de La Plata. Para él, la medicina era un apostolado, tal como la consideraban los maestros griegos. En 1950 se radicó en Jacinto Aráuz, un perdido pueblito de La Pampa, donde ejerció durante 12 años. Se integró con los lugareños, lo que le permitió ir descubriendo las profundas necesidades sanitarias de su pueblo. Casado con María Antonia, su novia de la escuela secundaria, Favaloro pasó a ser en ese rincón pampeano el médico de todos.
Pero su destino no era el de ser un buen médico rural, y decidió buscar otros horizontes y profundizar su especialización en la medicina. Así, en 1962, viajó a los Estados Unidos, a la Cleveland Clinic, para acrecentar sus conocimientos en cardiología. Allí permaneció, donde ganó fama y prestigio mundiales. Entonces decidió regresar al país, en 1971, para crear, cuatro años más tarde, la Fundación Favaloro, que le permitió formar más de 400 médicos residentes bajo su supervisión, atender más de 347.725 consultas, 273.276 estudios no invasivos, 19.262 cateterismos, 5.894 cateterisrnos terapéuticos, 470 trasplantes y 20.174 cirugías.

ALGUNAS  ENSEÑANZAS DE FAVALORO...
En una de las últimas conferencias que dio en el exterior, en Dallas, René Favaloro resumió el decálogo del buen médico en los siguientes ítems:

1. La historia clínica está por encima de cualquier avance tecnológico.
2. Todos los pacientes son iguales.
3. El trabajo es en equipo.
4. Máximo respeto al médico de cabecera.
5. Cobrar honorarios modestos.
6. Hacer docencia e investigación.
7. Prevenir, estimular la vida sana.
8. No perder el humanismo.
9. Abogar por la paz.
10. El optimismo tiene efectos biológicos.

 

LA FUNDACIÓN 
La Fundación Favaloro para la Docencia y la Investigación Médica se creó en 1975, cuatro años después del regreso de René G. Favaloro de Estados Unidos. Favaloro había trabajado la última década en la Cleveland Clinic de Ohio, donde desarrolló la contribución fundamental de su carrera: la cirugía del bypass aortoroconario o de revascularización miocárdica, un hito en la historia de la enfermedad coronaria. En 1971, después de rechazar innumerables ofertas para trabajar en ese país, había decidido volver a la Argentina con el propósito de organizar en Buenos Aires un centro de excelencia en cirugía cardiovascular que combinara la asistencia médica con la docencia y la investigación, de acuerdo con los lineamientos de la Cleveland Clinic.

Favaloro brindó siempre todo su apoyo y colaboración a los investigadores, quienes contaban con plena libertad para ejercer sus tareas. Estaba convencido de que sin investigación -y en especial, investigación básica- no era posible el desarrollo de la Medicina. En la actualidad, la mayor parte de las actividades de docencia e investigación de la Fundación se desarrollan en la Universidad Favaloro. La filosofía de su Facultad de Ciencias Médicas está expresada en su credo:

Asistir sin investigar es condenar al paciente a una medicina inmovilizada en el tiempo;
Pero investigar sin el rigor científico garantizado por el ejercicio de las ciencias básicas, no siempre es investigar, sino emprender aventuras sin ideas directrices y muchas veces incompatibles con la ética;
Pero investigar sin educar, no sólo traiciona la esencia del acto creador sino que priva a las generaciones futuras de la riqueza invalorable de descubrir su propio potencial creativo;
Pero educar sin comprometer a quien se educa con la realidad social de su tiempo tampoco es educar, sino entrenar profesionales diestros, cuyas destrezas de poco han de servirle si a causa de su miopía social no puede ponerlas al servicio de quienes más las necesitan.

 

Fuentes: UPCN Santa Fe y Fundación Favaloro

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